Nunca imaginé que un número pudiera emocionarme tanto.
Ciento catorce.
Ni uno más, ni uno menos.

Cuando lancé la preventa de Tres vidas para morir, lo hice con miedo.
Miedo a no estar a la altura.
Miedo a que nadie quisiera acompañarme en este viaje tan personal.
Porque escribir es, al principio, un acto solitario. Pero publicar… publicar es una forma de desnudarse ante el mundo.

No tenía experiencia, ni contactos, ni padrinos. Solo tenía una historia que me ardía por dentro y la certeza de que merecía llegar a la gente.
Así que me lancé.
Y vaya si me lancé.

Me metí en terrenos que no tenía ni idea de cómo pisar: grabé mis primeros vídeos promocionales con el móvil, diseñé mis propias tarjetas de agradecimiento, y hasta me aventuré a iniciar un audiolibro, sin tener ni pajolera idea de cómo se hacía.
Aprendí sobre la marcha, a base de errores, tutoriales, noches en vela y litros de café.

Cada detalle me exigió una dedicación enorme, casi obsesiva.
Pero también me enseñó algo valioso: que cuando crees de verdad en tu proyecto, encuentras la manera, aunque no tengas el manual.

Hubo incontables noches de dudas, de revisar mil veces el manuscrito… de corregir palabras que ya creía perfectas, después la maquetación y el diseño…

Autopublicar es una montaña rusa. No hay editoriales detrás, ni grandes campañas, ni promesas de éxito.
Solo tú, tu historia y la gente que decide caminar contigo.
Y ese «contigo» es, para mí, lo más valioso de todo esto.

Gracias, de corazón

Así que, si estás leyendo esto y fuiste uno de ellos: gracias.
Gracias por convertir el miedo en impulso.


Gracias por demostrarme que los sueños también se imprimen.


2 respuestas a «Cómo convertí 114 preventas en un libro autopublicado»

  1. Avatar de Mili

    Se imprimen para siempre en la memoria

  2. Avatar de Ivan

    Poco a poco… Persigue tu sueño que los que no lo intentan seguro que no lo logran 😉

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