El trabajo y la familia

El trabajo y la familia

Primero la vida

Sé que esta reflexión me ha quedado algo larga, y pido disculpas por ello. Pero a veces hay temas que no caben en pocas líneas.
Solo espero que, si te tomas unos minutos para leerla, encuentres en ella algo que te haga pensar, o al menos, detenerte un instante antes de seguir con tu día.

No vengo a dar lecciones. No quiero convencer a nadie ni discutir opiniones. Solo quiero expresar lo que pienso. Y sé que habrá quien no esté de acuerdo, y está bien. No busco tener razón, solo dejar esta reflexión aquí, por si a alguien le sirve para detenerse un segundo.

He escuchado muchas veces frases como «el trabajo es lo primero» o «el trabajo es sagrado». Y sí, trabajar es necesario: hay que pagar facturas, mantener un techo, llenar la nevera. Nadie lo niega. Pero, por mucho que intenten convencernos, no se puede vivir para trabajar.
Deberíamos trabajar para poder vivir mejor. Y en esa vida, lo más importante no es el cargo ni la nómina, sino las personas que nos esperan al llegar a casa.

Trabajos hay muchos. Si eres bueno en lo que haces, tarde o temprano el trabajo vuelve.
Pero familia, solo hay una.

A veces son los hijos que aún viven contigo, otras, los que ya han hecho su propio camino. A veces es tu pareja, tus padres, un amigo, o simplemente tu propio espacio, tu paz, tu tiempo.
Porque incluso cuando uno está solo, sigue habiendo vida más allá del trabajo: proyectos, pasiones, recuerdos, ganas de compartir. Eso también es familia, aunque no tenga el mismo apellido.

Me asombra cuando algunos padres cuentan, casi con orgullo, que cuando nacieron sus hijos solo tuvieron tres días libres, y que los padres de ahora somos unos vagos.
No quepo en mi asombro.
¿De verdad hay que presumir de eso? ¿Cambiar los primeros meses de tu hijo, su olor a vida recién estrenada, por fichar en la oficina o en la fábrica? Lo siento, pero no.
Yo prefiero vivir como padre lo que antes vivían solo las madres —y lo digo con tristeza por aquellos padres que se lo perdieron—. Prefiero quedarme con ese recuerdo para siempre. Porque el tiempo con un hijo recién nacido no se mide en productividad, sino en presencia, en estar ahí, con los ojos abiertos y el corazón lleno.

Hazte esta pregunta incómoda: si mañana enfermaras, si tuvieras que dar una batalla larga, ¿quién estaría a tu lado? ¿Tu jefe? ¿Tu empresa? Te lo digo sin filtros: pondrán a otro en tu puesto. Te enviarán un saludo cordial, quizá un detalle. Y la vida seguirá. Es lógico; las empresas están hechas para continuar. ¿Quién se quedará a tu lado? Los tuyos. Tu gente. Tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos… Esos sí se quedan.

No digo que dejes tu empleo ni que desprecies tu oficio.
El trabajo dignifica, y cuando se hace con vocación, también puede dar sentido.
Solo digo que pongas las cosas en su sitio. Que no aceptes como natural vivir esclavizado al «ya habrá tiempo» o al «así es la vida adulta».
No lo es.
La vida adulta no debería ser aplazar la vida, sino aprender a elegirla.

Quizá no puedas cambiar tus horarios de golpe, pero sí poner límites.
Quizá no puedas renunciar al trabajo, pero sí dejar que el trabajo no te quite todo lo demás.
Tal vez no puedas estar en todas partes, pero sí estar de verdad donde estés.
Porque el trabajo va y viene. La familia y los momentos, no.

Conclusión

Así que, por favor, aprovecha tu vida.
Mira tus cadenas y recuerda: tienes las llaves en el bolsillo.

No pretendo que pienses como yo. Solo te invito a mirar distinto.
Que el trabajo sea importante, sí.
Pero primero, la vida.
Y en ella, primero, los tuyos.

Analiza tus prioridades. Elige. Y sé feliz.


3 respuestas a «El trabajo y la familia»

  1. Avatar de Mili

    Sincera reflexión

  2. Avatar de Jesus

    Bonita e interesante reflexión. La vida también hay que visualizarla desde el posible final hacia atrás, nos cambiaría muchos pensamientos.

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