Autopublicar es una montaña rusa. No hay editoriales detrás, ni grandes campañas, ni promesas de éxito. Solo tú, tu historia y la gente que decide caminar contigo. Y ese «contigo» es, para mí, lo más valioso de todo esto.
He ido sacando tiempo de donde he podido, intentando robarle las menos horas posibles a mi familia. No siempre lo he conseguido, pero he aprendido que cuando algo te apasiona de verdad, encuentras el modo. Y si para escribir tengo que dormir 4 horas al día, no me importa.
Después de tantos meses de trabajo, desvelos y emoción, ha llegado el momento que soñé desde el primer día: la presentación oficial de Tres vidas para morir.